La hacienda perteneció a Agustín Landaburu, quien la dejó como herencia a su hijo. Este, al no tener descendencia, la donó a su preceptor, el insigne prócer de la independencia peruana.
El insigne prócer de la independencia peruana, don Hipólito Unanue. La hacienda fue dividida entre sus dos hijas. A una le tocó la hacienda Arona, y a la otra un fundo que tomó el nombre de Unanue.